El tapir centroamericano o macho de monte es el animal más grande que puebla nuestros bosques panameños pero muy poca gente lo conoce. A pesar de su tamaño impresionante - pesa hasta 300 kg – es muy tímido. El tapir es una de las últimas especies que queda de la mega fauna que había en el continente Americano y han evolucionado muy poco desde su aparición hace millones de años. Desde entonces, tienen un papel fundamental en el mantenimiento de los bosques tropicales ya que son dispersores de semillas.
La actualización reciente de la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) colocó al tapir en la categoría de los animales “en peligro de extinción”, es decir que su población está bajando en todo su rango, incluyendo en Panamá. En 2013, una evaluación de su distribución a través del Istmo señalo su rareza y en algunos casos su ausencia, en muchos sitios dónde se creía que estaba presente. Por ejemplo, no ha habido registros de tapir en la Península de Azuero desde décadas. Aún más sorprendente es que, a pesar de los numerosos muestreos con cámaras trampas y encuestas, casi no hay indicios de tapires en los alrededores de la cuenca del Canal, a excepción de la Isla de Barro Colorado. Quiere decir que la población está muy baja y es muy probable que esté en ruta a la extinción local en esta zona. Esta situación es muy preocupante, ya que hay riesgo de que no exista conexión entre las poblaciones de tapires a través del istmo, lo que puede resultar en un detrimento de la población a mayor escala.
Los tapires son particularmente sensitivos a algunas amenazas que están ocurriendo en Panamá, principalmente la destrucción de su hábitat, los bosques, ya que tienen ámbito de hogar relativamente grande (200-1000 ha). Con la reducción de su hábitat, los tapires algunas veces se acercan a las fincas y cultivos, lo que puede provocar conflictos y la matanza del animal. La caza furtiva también tiene consecuencias dramáticas sobre la población ya reducida, porque la tasa de reproducción del tapir es muy baja.
Hasta hoy, no ha habido esfuerzos para la preservación de esta especie carismática y todavía poco se sabe sobre el tapir en Panamá. Para ayudar a la toma de decisiones efectivas por parte del Ministerio de Ambiente acerca de la preservación y manejo de los tapires, es necesario contar con información científica sobre la ecología, abundancia y estatus de las poblaciones.
Ninon Meyer ha acumulado experiencia en proyectos de investigación con rinocerontes y elefantes en África, y por seis  años ha trabajado con cámaras trampas en Panamá. Ahora, la científica francesa,  estudiante de doctorado de El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) en  México, investigadora de Yaguará Panamá y asociada al Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI), está encargada del grupo de especialistas en tapires en este país. 

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